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¡Son unos asesinos!¡Han matado a mi hijo!

Nerviosos, fuimos rápidamente a ver a la señora. Estábamos delante de la puerta de ese caserío, estaba oscureciendo y no teníamos ni idea de qué decirle, ni cómo empezar. Estábamos cansados. La señora nos abrió amable, yo la había visto en una foto en la exposición. Los años habían hecho su efecto…

Nos presentamos como dos guionistas que preparábamos una película. La mujer, muy amable, nos preguntó en qué nos podía ayudar. Al hacerle la pregunta de si había vivido en Londres, su semblante cambió y respondió de forma seca. ¿Por qué? Le comenté lo de la exposición y que la gente que la hizo no querían ayudarnos. La señora empezó a llorar sin más. Nos quedamos parados, sin saber qué decir. Le faltaba la respiración y decía en voz baja como podía: “¡Son unos asesinos! ¡Han matado a mi hijo! ¡Nadie me cree! ¡Han matado a mi hijo, la policía dice que estoy loca pero no es verdad, le han matado, le han matado! ¡Son unos asesinos!

Las imágenes de la madre no las podemos mostrar en el blog porque son tan fuertes que han sido censuradas por Youtube.

La casa de Victor Molina en Alsasua

Alejo y yo nos pusimos otra vez con el guión, pero estábamos bloqueados. Daniel, por otra parte, había seguido intentando localizar a STEVE sin ningún éxito.

Por esas fechas preparábamos el estreno de JAIZKIBEL en varias ciudades españolas y el ajetreo nos hizo olvidar un poco todo. Además, Alejo, nuestro colega Sebas y yo nos fuimos una semana en coche por todas las ciudades españolas para promocionar la película. Sevilla, Madrid, Santiago, Coruña, Bilbao, San Sebastián. En una semana habíamos colgado 2,000 pósters y dado en mano más de 15,000 postales de JAIZKIBEL. Estábamos destrozados. Sebas volvió a Barcelona en bus desde Bilbao, ya que tenía que volver a su trabajo.

En San Sebastián, Alejo y yo tuvimos un pinchazo por la mañana, pretendíamos salir para Vitoria a colgar más pósters, pero tuvimos que esperar a que arreglaran el coche. A las cinco de la tarde la compañía de seguros nos dejó un coche de alquiler para volver a Barcelona, ya que al día siguiente, el jueves 7 de junio, teníamos un pase de prensa en Barcelona por la mañana y por la noche el pre-estreno.

Salimos de allí, dirección a Barcelona, tras 50 kilómetros vimos un desvío para Pamplona (dirección a Barcelona) y otro dirección a Alsasua, que estaba a unos 35 kilómetros. Nos miramos y sin decir nada, giré a la derecha y en menos de 30 minutos estábamos dando vueltas por Alsasua, preguntando por Roberta Fernández en tiendas, bares, mirando listines de teléfonos, etc. El ayuntamiento estaba cerrado, no encontrábamos nada. Eran ya las ocho y pensamos en volver para Barcelona.

Hicimos un último intento preguntando también por Victor Molina. En una charcutería, una señora nos habló de Molina, que su mujer Roberta se quedó viuda y que sí se había ido a Inglaterra, pero que volvió hace años. Nos dijo que vivía en un caserío cercano al pueblo…

Encontramos la madre de Victor

Estábamos en una cabina de teléfonos con la tarjeta de la agencia inmobiliaria. Estaba exaltado. Nos contestaron y DANIEL volvió a contarles la falsa historia. Nos informaron que, hasta el año 96, vivió una señora española con su hijo, ROBERTA FERNÁNDEZ, pero regresó a España. La chica no encontró ninguna dirección pero, como para no creérselo, encontró un pago retrasado del piso que había realizado ROBERTA desde un banco español, que estaba en un pueblo llamado ALSASUA. DANIEL le dio las gracias y colgó.

Tres de la tarde y estábamos en una comisaría hablando con un policía amigo de DANIEL, que nos estaba buscando en el ordenador a VICTOR MOLINA o a ROBERTA FERNÁNDEZ. No encontró nada. Nos dijo que esperásemos un momento, que iría a hablar con un amigo suyo, que quizás podía ayudarnos. Esperamos más de diez minutos hasta que vino el otro poli, que nos preguntó por qué les buscábamos. DANIEL le explicó toda la verdad. Podía parecer una tontería nuestra, pero eran demasiadas casualidades. Le dimos el teléfono y dirección de MARTIN y STEVE. Cuando nos disponíamos a irnos, el policía nos volvió a llamar. Me pidió mis datos de Barcelona. Me quedé parado, me pareció en ese momento como si yo hubiera hecho algo malo y me la fuera a cargar. Pensé en irme y decirle que prefería no hacerlo: ¿Para qué los quiere?. Me dijo que si descubrían algo, me avisarían. Salí nervioso de allí, me dio malas vibraciones.

DANIEL me acompañó hasta el aeropuerto e intentó convencerme para que fuera a buscar a ROBERTA FERNÁNDEZ. No sabía que hacer, si comentárselo a mis socios de la productora o no. De hecho, todavía no había nada claro, ni tan siquiera la policía tenía el nombre de la señora en sus archivos. El avión se retrasó media hora. Desde una cabina del aeropuerto hice un último intento con STEVE, pero nadie contestó.

Quedé con Alejo y Fabiola. Casi se pensaban que les tomaba el pelo. La reacción de FABIOLA fue la de pararme los pies. Meterme en ese tipo de follones no era ningún juego.

Buscando a Victor

DANIEL y yo quedamos para cenar en un chino al que íbamos en plena época de las vacas locas inglesa. Le conté lo sucedido, no se lo podía creer. ¿Por qué me mintieron?

Fuimos a casa de DANIEL y cogimos los antiguos listines de números de teléfono que tenía en casa. Había uno del 94, del 95, del 97, del 00. Miramos el apellido “MOLINA” en todos ellos, no encontramos nada. Nos conectamos a internet y buscamos el apellido a través de buscadores de teléfonos, nada.

A las tres de la mañana DANIEL me despertó precipitadamente: “mañana vamos a ver la casa de VICTOR, sé donde está, al lado hay una tienda de ropa de segunda mano que conozco”. Cayó dormido de nuevo. Yo ya no pude dormir. En el “DAY 1&2” de la exposición había un pequeño reportaje que hizo STEVE sobre la vida cotidiana de VICTOR, se veía su casa por fuera y por dentro, las escaleras de entrada. Yo nunca me hubiese acordado, pero (aunque suena a broma) a DANIEL le gusta mucho la ropa y nunca se le hubiese olvidado ese sitio, sólo por eso.

Increíble, pero allí estaba la antigua casa señorial y bajando las escaleras de servicio, lo que se suponía era el piso de VICTOR. A pocos metros una persiana cerrada, donde estaba la tienda de ropa.

Tocamos al timbre, eran ya las diez. Nos abrió un señor inglés de unos 45 años. DANIEL, a quien no le falta imaginación, le dijo que estábamos buscando a VICTOR MOLINA, un español, familia lejana mía, de la que yo no sabía nada desde hacía tiempo, y al estar de vacaciones en Londres, venía a verle. El HOMBRE no tenía ni idea de quien podía ser VICTOR. Él y su familia llevaban allí desde el 97. Nos despedimos de él, y subimos las escaleras. Antes de llegar al final, se abrió la puerta de su casa. El señor salió con una tarjeta en la mano: “Esperad”.

 

“Yo nunca participé en esa exposición”

Cuando se disponía a cerrarme la puerta en las narices, reaccioné preguntándole si había trabajado con Steve. Él me dijo que sí, pero nunca en ese proyecto. Accedió a darme el teléfono de STEVE.

¿Por qué me estaba mintiendo? Yo le había visto aquel día, no me podía haber olvidado de él, era un tío gigante, con cara de mala leche. Me apunté el número en la mano, se excusó de nuevo y cerró la puerta antes de que yo me marchase.

No sabía que hacer, si llamar primero a STEVE o quedar con DANIEL y explicarle todo. Puse unas monedas en una cabina y llamé a STEVE. Estaba nervioso, el corazón me latía rápido, ¿qué le podía decir?.

Marqué el número, STEVE cogió rápidamente: “Hola STEVE, ¿te acuerdas de mí? Soy IBON, el amigo de DANIEL, sí, ¿qué tal?, ¿te apetece quedar a tomar algo?, ¿en el Coach & Horses? Vale, ¿en una hora?, vale, hasta pronto.

Me senté en la acera en frente del pub, con mi pinta de cerveza, recordando viejos tiempos. Seguro que todo era un malentendido, STEVE me lo aclararía.

Le vi acercarse desde lo lejos, estaba muchos más delgado que cuando le conocí, sin afeitar, andrajoso. Al verme hizo un intento por sonreír, pero su mirada era triste. Me incorporé para darle la mano y fui a buscar otras dos pintas. El se dejó caer en el suelo, parecía algo nervioso.

Me dijo que estaba en paro, que llevaba tiempo sin hacer nada. Tras unos minutos calentando, llegó el momento de hablarle del proyecto. Mientras se lo explicaba, él me miraba, estaba nervioso, me sonría intentando permanecer tranquilo. Lo solté todo muy rápido y le pedí su ayuda. Sus palabras fueron : “YO NUNCA PARTICIPÉ EN ESA EXPOSICIÓN”.

Me lo quedé mirando sin decir nada. Fueron unos segundos de tensión, él me miraba nervioso, dando caladas sin parar. Le contesté: “Pues pensaba que eras tú, debo haberme confundido”. Al escucharme, respiró profundamente, sonrió, alzó su pinta de cerveza y brindó por los viejos tiempos. Pronto después de eso, miró su reloj y se excusó.

Me quedé sentado pensando durante unos minutos y decidí emprender una aventura que me llevó inicialmente a desarrollar este teaser. Como se suele decir, a veces la realidad supera en mucho a la ficción y esto era un ejemplo.  

La última planta

Al abrir la puerta de la última planta nos encontramos con unas 60 personas, que habían visto individualmente la exposición hasta llegar allí. Todos tenían la misma cara de fascinación. Tuvimos que esperar un cuarto de hora hasta ver el final. No lo olvidaré nunca. ¡Todo parecía tan real!

 

Volví  España el 2 de agosto, empecé a trabajar y dejé atrás Londres y compañía.

 

En un proceso de “brainstorming” con mi co-guionista Alejo Levis, le hablé de aquella exposición a la que había asistido, 5 años atrás. ¿Y si aquello que vi hubiese sido real?Imaginamos cuál podría haber sido la evolución de los sucesos. ¿Qué sensaciones experimentaron esos cuatro artistas durante los 14 días de creación?, ¿qué tipo de persona podía ser Victor Molina?, ¿Por qué decidieron llevarlo a cabo?… Per sobre todo nos preguntábamos, ¿cómo tuvieron la sangre fría para hacer esa obra que todavía tengo tan viva en mi mente?

 

Nos faltaban muchas piezas del total de lo que en ese taller sucedió. Pensé que quizá hablar con los artistas nos sería útil para cubrir ciertas lagunas.

 

Ya en Londres, busqué la manera de localizarles. Llamé al timbre varias veces. Finalmente una voz profunda preguntó: ¿quién es?. “IBON”, contesté. MARTIN abrió la puerta, le recordaba de la exposición.

 

Me presenté y le dije que aquella exposición me fascinó y que había venido para que me contase cómo la habían hecho, porque quería buscar nuevas ideas para mi guión. Mientras hablaba él me miraba fijamente en silencio. Le pregunté si le gustaría ayudarme. SIn dejar de mirarme a los ojos me dijo: “LO SIENTO, YO NUNCA HE MONTADO ESA EXPOSICIÓN DE LA QUE ME HABLAS”.

 

 

La invitación

En 1995 me trasladé a vivir a Londres por trabajo. Allí compartí piso con 6 bailarinas de ballet clásico españolas y Daniel, un director de fotografía suizo. Daniel era un animal nocturno y en una de sus fiestas le invitaron a un sitio raro a ver una exposición en una instalación clandestina. Para llegar le dieron un mapa y le dijeron que tenía que estar a las 9:00 pm o no entraría.

Rápidamente Daniel me dijo que le acompañara. Así que el 25 de julio cogimos la línea negra de metro y nos bajamos en “Angel”. Mapa en mano, anduvimos durante 20 minutos hasta llegar a una zona de fábricas abandonadas. Tras dar varias vueltas entre las fábricas, finalmente vimos en una de ellas una pequeña bombilla que iluminaba un póster gigante con la imagen de un chico joven, asustado y dónde se leía

“VICTOR MOLINA: ANONIMATE”.

Me sorprendió que tanto el nombre como la fotografía parecían de un joven español.

Llamamos a la puerta varias veces hasta que nos abrió el conocido de Daniel  a las 9:00 pm en punto y la cerró con candado una vez dentro. La única explicación que nos dieron al entrar fue que la exposición se había realizado durante 14 días y cada planta mostraba dos días de este trabajo, hasta llegar a la última planta… Lo que allí vimos marcó el inicio de esta historia.

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